viernes, 14 de septiembre de 2007
Te cambio primavera por primavera
En el parque había un abuelo de barba, de esas entre blancas y doradas porque el sol les da justo en pleno y entonces muestran más colores de los que deben aparecer. Sentado en su banquita se acercan los niños a buscar remolinos que tienen colores brillantes y se mueven y hacen un ruido de aire colado, y él le dice a una niñita que le cambia un remolino por un beso a lo que ella se medio ríe y se lo da en su mejilla surcada de tantos amaneceres y atardeceres, de navidades y fiestas patrias, de sentir lluvias de agosto-porque él ha logrado pasarlo- resbalando hacia la tierra mezcladas con lagrimas nostálgicas de las que anteceden a la primavera que ya está aquí, sí, yo también la veo sobre mi cabeza, tan azul y vibrante, y también he llorado, hay que decirlo. Entonces me acerco preguntando si le puedo comprar uno con un beso, y él se sonríe y cambiamos, y yo miro contenta mi remolino porque son simples y divertidos, pero después me asalta el olor dulce del algodón de azúcar y quiero comprarlo también, pero quiero ahorrar besos porque desde los cuatro años me han enseñado que eso es bueno. Decido cambiar una de mis monedas por uno de los algodones, y ya tengo dos cosas que me gustan en las manos, y quizás cuando llegue a la casa cambie mi remolino por una guitarra porque me gustan las guitarras también, aunque mis dedos sean para el piano y tampoco sepa tocarlo.
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